Entre mandiocas, pescados, maíz, tortugas, iguanas, frutas, cangrejos y ciervos, los indios payas habitaron la Isla de Roatán por alrededor de siete siglos, mientras los Mayas reinaban en América Central. Eran un grupo más pequeño y menos avanzado, que minaron el jade (piedra de valor mágico – religiosa) y lo comercializaron en el continente.
Al arribar Cristóbal Colón a las islas de la Bahía, en Julio de 1502, se encontró con una población indígena fuertemente asentada, que fue esclavizada y enviada a diferentes lugares. Por este motivo la isla de Roatán quedó prácticamente despoblada y tras varios ataques piratas alrededor de 1642, se trasformó en un refugio para piratas, bucaneros y corsarios.
El famoso Henry Morgan, bucanero que asaltó las costas de Cuba, Venezuela y otras regiones del Caribe y que fue tan temido por los españoles, estableció por algunos años su escondite en Roatán. Así también, Peter Wallace, pirata inglés, instaló su centro de operaciones en las cercanías de las islas.
Los primeros documentos históricos muestran que hacia 1742 ingleses habitaban la isla y que tras un intento por poseer gran parte de la costa caribeña, reconstruyen el antiguo fuerte de Port Royal en Roatán. Archivos de Belice muestran al Mayor Caulfield al mando de Roatán en 1745 y señalan algunas hostilidades españolas hacia el asentamiento inglés.
Tras treinta y siete años de tranquilidad, los españoles arremetieron contra los ingleses un 2 de marzo de 1782 con bombazos y cañonazos contra el Port Royal. La batalla concluyó con la derrota inglesa y la destrucción de 500 casas que poblaban la isla. En 1788 los ingleses desalojaron completamente las islas de la Bahía y éstas quedaron desiertas de europeos por casi quince años.
No conformes con el abandono de las islas, en 1797 los ingleses trasladaron a 5 mil “negros caribeños”, hoy conocidos como Garifunas, a las desoladas playas de Port Royal. A excepción de estos negros y algunos españoles que intentaron colonizar la isla, Roatán permaneció desocupada por casi treinta años hasta que en 1821 la Federación Centro Americana reclamó las islas de la Bahía y declararon la autonomía de España. Sin embargo, no hubo intentos serios de poblar la isla o protegerla de la intrusión de otras potencias y se sabe que entre 1827 y 1834 asentamientos ingleses empezaron a llegar a Roatán.
El 39 de Abril de 1859 Inglaterra aceptó entregar las islas a Honduras y tras varios intentos y negociaciones en 1861, después de ser colonias británicas por menos de nueve años, las islas de la Bahía se convirtieron en el “Departamento de Islas de la Bahía” al mando de la República de Honduras.
Si bien Roatán pasó a ser parte de Honduras, su matizado pasado con alternancia de administración española e inglesa, la diferencia étnica y lingüísticamente con el territorio continental. La población de Roatán tiene sus raíces en ocho culturas diferentes (española, inglesa, paya, india, garifuna, afroantillana, angloantillana, españoles de Honduras y norteamericana) y a pesar de que el español se haya declarado como idioma oficial en 1872, la mayoría de los isleños habla inglés debido a la fuerte influencia británica.
Varias familias, por muchas razones, consideran que su origen inglés es superior a la confusa sangre de españoles, indios y negros, y se sabe que hasta 1957 aún habían quienes reclamaban la nacionalidad británica, pese al acuerdo entre Inglaterra y Honduras que señalaba como ciudadanos hondureños a todos los nacidos en Roatán después de 1861.